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Zorros LGBT ¡Necesita de nosotros! Seamos su club de fans

A estas alturas donde la comunidad gay es más inclusiva con las pequeñas comunidades dentro de nuestra comunidad, debes saber que la Ciudad de México resguarda a un equipo de futbol conformado exclusivamente por hombres homosexuales; se trata de Zorros LGBT, un grupo deportivo que combate día a día la homofobia en los deportes y los estereotipos que señalan que el atletismo no es un lugar en el que se puedan desarrollar las personas de diversidad sexual.

Desde el 2013 han ayudado a promover el respeto y la igualdad en el fútbol y apoyado a los jugadores de la comunidad LGBT, por lo que no es una sorpresa que los Zorros LGBT hayan representado a México en la pasada edición en los Out Games de Miami 2017, se trata de un evento deportivo y cultural destinado a promover el involucramiento de deportistas lesbianas, gays, bisexuales y trans; su primera edición se celebró en Montreal en 2006.

Es por ello que desde la redacción de ELEGEBETE exhortamos a la comunidad que apoyemos a este gran equipo de futbol asistiendo a sus partidos con pancartas ¡debemos organizarnos para hacer la porra! ¿te animas? Y, quienes estén interesados en formar parte del equipo entren a su página oficial https://zorros.lgbt/ o envíen correo electrónico a zorros.lgbt@gmail.com

Ya es tiempo de decir ¡Vamos Zorros vamos!

 

ELEGEBETE

Zorros LGBT+, rompiendo estereotipos

El futbol es un deporte que surgió del rugby inglés, un juego rudo asociado a la masculinidad, idea que sería apropiada por los jugadores de balompié. Es por ello que en gran parte, el futbol institucionalizado ha excluido a aquellos que no cumplen este estereotipo: mujeres, personas con discapacidad, homosexuales, etc. Sin embargo, existen equipos como los Zorros LGBT+que rompen el esquema y resisten ante la imposición de lo que debe ser el futbol.

Formar un equipo incluyente que representara a México, no fue tarea fácil. La idea se concibió hace más de 10 años de la mano de Andoni Bello, quien junto con otros miembros de la comunidad LGBT+, crearon el Tri Gay. De este primer representativo nacional surgieron los Zorros en 2013, que actualmente cuentan con tres equipos: Zorros, Zorros Jr. y Club Z, y que participan en ligas de futbol rápido y futbol once, así como en torneos locales, nacionales e internacionales.

Aunque no es el único club para la comunidad LGBT+ en nuestro país, es de los pocos que se encuentra afiliado a la International Gay & Lesbian Football Association (IGLFA), la cual reúne a escuadras de todo el mundo que han querido expresar su amor por el futbol sin sentirse discriminados. Aunque los miembros no están de acuerdo en la autosegregación, la realidad es que en Zorros LGBT+ han encontrado un espacio de libertad y seguridad.

El equipo también es definido por sus integrantes como una familia, quienes a pesar de no contar con los recursos necesarios, ni con apoyo gubernamental, han logrado grandes hazañas, la más importante: luchar contra la discriminación a través del futbol en uno de los países más homofóbicos del mundo.

Ganadores del 4to lugar en futbol once de los World Out Games 2017, también conocidos como los Juegos Olímpicos LGBT, la escuadra Zorros LGBT+ es motivo de orgullo nacional.

Por Carolina Caballero, Apuntes de Rabona

Zorros LGBT mostrarán su destreza en las canchas de los World Out Games

El equipo de futbol Club Zorros LGBT, continuará rompiendo los estereotipos con su participación en los World Out Games 2017, en Miami, Florida, del 26 de mayo al 4 de junio, donde representarán, oficialmente, a México.

Los World Out Games son una competencia internacional, cuyo propósito es incluir a la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) en más de 450 encuentros culturales y deportivos.

José Arturo Ramírez, delantero del Club Zorros LGBT, comentó: «El fútbol es, para nosotros, una táctica para luchar por los derechos de la diversidad sexual […] una forma de luchar en contra de la discriminación que vivimos y para que muchos chicos jóvenes salgan también del clóset».

En 2013, una cancha de futbol rápido de la delegación Azcapotzalco fue testigo del inicio de Club Zorros LGBT, que desde su aparición ha roto estereotipos y prejuicios deportivos, convirtiéndose en la voz de muchos jóvenes que siguen luchando por una sociedad más diversa e inclusiva y menos intolerante.

El Novedades

Azcapotzalco, cuna del futbol gay en el DF

El futbol llanero no es exclusivo de los heterosexuales, eso lo saben bien en Azcapotzalco, donde la única liga gay de la Ciudad de México se rifa el pellejo a lo “macho”.

Según el reportaje publicado en el portal SinEmbargo, un jugador gay no tiene por qué ser afeminado, puede ser un chavo muy varonil que juega futbol y ser homosexual, aseguró Michel Arzate, del equipo Argentina Gay, uno de los equipos fuertes de la competencia en la que también resaltan Azcapotzalco Gay, Real Divas y Zorros.

En la liga gay de la delegación Azcapotzalco todos los jugadores son homosexuales, aunque algunos no lo parezcan, pues son rudos en la cancha, quizás algunos son más afeminados, pero ya en la cancha no se nota, pegan y llegan fuerte y si pudieran barrer, se barrerían.

Rafael Martín Martínez, administrador de la Organización de Futbol Rápido de barrios de Azcapotzalco, indicó que la cancha “Los Olvidados” en la que disputan sus partidos, antes de 1998 era un terreno baldío rodeado de vecindades, en ese año la hicieron con cemento y asfalto.

En México, solo existen ligas de soccer 100 por ciento homosexuales en Tecámac, Estado de México, y otra en el estado de Guerrero; actualmente, la liga de Azcapotzalco cuenta con 12 equipos, integrados por jugadores que viven en zonas como Tepito, Xochimilco, Santa Fe e Iztapalapa, por mencionar algunas.

“Un gay que juega futbol era raro, no teníamos ni el espacio ni los medios para practicar porque en equipos heterosexuales sabíamos que si aceptábamos nuestra orientación éramos objeto de burla, de golpes, de muchas cosas”, aseguró Rafael Villanueva, director de la Organización Didesex (Diversidad, Deporte y Sexualidad).

Subrayó que aunque han buscado acercamiento con los institutos del deporte del DF y los estados, el tema se ha tratado pero aún no ha sido relevante para las autoridades.

En la cancha, no hay sexualidades. Cada jugador se entrega al partido, corren tras el balón, algunos giran, otros más hacen lo que sea para proteger el esférico, aquí el sentir las partes íntimas cerca del cuerpo del contrario no incomoda. En la liga gay de Azcapotzalco nadie se achica a las patadas.

Quizás, la única diferencia entre esta liga y una heterosexual es el festejo de gol, aquí el grito de anotación (a veces) es suave y un tanto delicado aunque sin perder la pasión que conlleva superar al portero.

Jesse Abissait, entrador del equipo Capital, aseveró que en la cancha heterosexual son muy serios, se malmiran entre los equipos o se insultan, pero en la liga gay, a pesar de que hay muy buen nivel de juego, fuera de la cancha hay mucho convivio y todos se hablan.

Incluso, van muchos niños a apoyar a sus familiares, las madres aplauden las jugadas de sus hijos, rara vez llega a ocurrir un altercado durante el partido. Si alguno de los peatones o conductores que pasan frente al lugar llega a gritarles “pinches maricones”, “váyanse a jugar con muñecas”, “putos”, no pasa del mero insulto facilón.

En esta liga no se hace alarde de hombría a la hora de llegar con fuerza al balón o insultos como ¡no seas puto! o ¡no le pegues como niña!, en “Los olvidados” se grita: “¡No seas macho, pégale como puto!”.

Al Momento Noticias

No seas macho; pégale al balón como nena

Se escuchó un balonazo que viajaba directo a la zona que me tocaba cubrir. En ese momento jugaba una cáscara como defensa en la única cancha donde el pellejo no se rifa “a lo macho”. Si en el futbol llanero se puede humillar al rival diciéndole que es un marica, aquí de hecho “ser niña” para nada significa rajarse a los trallazos del balón.

Hace unas horas una parte de morbo me hacía imaginar un espectáculo multicolor donde el maquillaje, los peinados o pelucas, el travestismo o cualquier etiqueta de “loca” aparecerían de inmediato.

—Muchos piensan que un jugador gay tiene que ser afeminado y no es cierto. La gente ve a un chavo muy varonil que juega futbol y no cree que sea homosexual —me decía Michel Arzate, delegado del equipo Argentina Gay, su corpulencia y altura cercana a los 1.80 metros contrastabacon la suavidad con la que hablaba.

Cuando llegué a la cancha de futbol rápido ubicada en la avenida 22 de Febrero, centro de la delegación Azcapotzalco, no vi uniformes con los colores del arcoíris. Era domingo, poco antes de las 5 de la tarde. Daba la impresión de que había varios equipos de pamboleros heterosexuales. Al acercarme a los jugadores del equipo Capital, saludé a varios jóvenes de entre 18 y 26 años de edad, todos ejercitados y vestidos como futbolistas profesionales con el uniforme del Arsenal. Calentaban para su partido en una de las mitades del terreno asfaltado. Dominaban el balón, disparaban a la portería y cimbraban la malla ciclónica detrás del portero. Me fue muy difícil percibir sus rasgos amanerados. Sólo al acercarme a Jesse Abissait —el entrenador del equipo— pude ver sus cejas perfectamente delineadas y un suave movimiento de sus manos, los únicos indicios que me permitieron notar su lado femenino.

—¿No tienen algún cachirul hetero? —pregunté. Hasta ese momento dudaba que todos en su equipo fueran gays.

—Todos son chicos homosexuales y en la liga también. Aunque algunos no lo parezcan, son igual de rudos en la cancha, aquí adentro se transforman —me respondió—. A lo mejor hay algunos que son más afeminados, pero ya adentro no se nota: pegan fuerte, llegan fuerte, y si se pudieran barrer, se barrerían.

Antes de que me dieran chance de cascarear, Rafael Martín Martínez, el administrador de la Organización de Futbol Rápido de barrios de Azcapotzalco, me relató que por allá de 1998 esto era un terreno baldío rodeado de vecindades. Ese mismo año se construyó, con cemento y asfalto, este espacio de aires buñuelescos: “Los olvidados”, donde el deporte ayudaría a combatir las adicciones. Lo único de lo que carece “Los olvidados” es el pasto sintético prometido una y otra vez por las autoridades delegacionales. Fue en el año 2011 cuando varios integrantes de organizaciones homosexuales, entre ellos Michel Arzate y Noel Arzate Miranda, pidieron que se les dejara jugar en la liga femenil. Ocho chicos fueron los primeros en formar parte de los equipos de mujeres.

—Era bien chistoso porque teníamos que jugar con las chicas y pues por más afeminados que fuéramos, siempre se tiene la fuerza de un hombre y no se compara —recordaba Michel Arzate.

En México la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) suma alrededor de 5.2 millones de personas, pero ligas de soccer cien por ciento homosexuales sólo existen en Tecámac, Estado de México y otra en el estado de Guerrero. Actualmente la liga de Azcapotzalco cuenta con 12 equipos, integrados por jugadores que viven en zonas como Tepito, Xochimilco, Santa Fe, Iztapalapa, por mencionar algunas.

—Un gay que juega futbol era lo que no había, era raro —me comentó Rafael Villanueva, director general de la Organización Didesex (Diversidad, Deporte y Sexualidad), mientras veíamos a los jugadores hacer dribles—. No teníamos ni el espacio ni los medios para practicar porque en equipos heterosexuales sabíamos que si aceptábamos nuestra orientación, éramos objeto de burla, de golpes, de muchas cosas.

Villanueva me decía que aunque han buscado acercamiento con los institutos del deporte del DF y los estados, el tema se ha tratado pero aún no ha sido relevante para las autoridades.

Afuera del enrejado se mezclaba el olor de las palomitas y frituras con el ungüento de árnica. Adentro de la cancha correr tras uno de los jugadores al disputar el esférico era seguir el aroma a perfume o loción que dejaban tras de sí. Podían perder un regate, pero no el estilo. Me distraía con los movimientos estrafalarios de alguno de los pamboleros que aprovechaba para burlarme y tirar a gol. Tras detener el balón, algunos de ellos giraban como una bailarina y luego corrían sin soltar lo que me parecía una bolsa imaginaria. Otros le aventaban las nalgas al rival para así proteger el esférico, pero no era como en los partidos hetero donde cualquiera cree vulnerada su hombría al sentir las partes íntimas cerca del cuerpo del contrario. Aquí esas mañas no funcionaban al intimidar al rival. Había jugadores como Coco o Alcopla, quienes olvidaban su lado femenino y dejaban libre la hombría natural para disputar el esférico: no se achicaban a las patadas. A diferencia del ambiente en campos llaneros donde la testosterona debía ser lo esencial, la agresión el primer recurso, y el festejo desaforado de un gol debería raspar la garganta, aquí el grito de anotación a veces era suave y un tanto delicado aunque sin perder la pasión que conlleva superar al portero.

—En la cancha heterosexual son muy serios, se malmiran entre los equipos o se insultan. En la liga, a pesar de que hay muy buen nivel de juego, fuera de la cancha hay mucho convivio y todos se hablan —mencionaba Jesse Abissait.

Del otro lado de la reja alcancé a ver a una pareja de lesbianas que se besaban; una niña que venía a apoyar a su tío también las miraba con naturalidad. Las mamás aplaudían las jugadas de sus hijos; una de ellas me dijo, antes de empezar la reta, que rara vez llegaba a ocurrir un altercado durante el partido. Como reportero hace unos años cubrí una noticia donde en un partido llanero uno de los jugadores le disparó a su rival sólo porque se burló de su derrota. Aquí en “Los olvidados” no se llega a la tragedia: si dos de los jugadores se hacen de palabras, esperan a que acabe el partido, se alejan unas cuantas calles y resuelven la bronca.

Si alguno de los peatones o conductores que pasan frente al lugar llega a gritarles “pinches maricones”, “váyanse a jugar con muñecas”, “putos”, no pasa del mero insulto facilón; esa es gente sin criterio ni educación, me dijo otra mujer de unos 50 años que cada domingo disfruta los partidos. Su hijo es heterosexual y a veces también le entra a las cáscaras de fucho que se organizan con los de la liga. Es herrero y no tiene problema, pues al fin sólo es un juego más.

El portero del equipo que se armó para la reta era malísimo, parecía más preocupado por echar desmadre que por detener los tiros de los contrarios. Me hubiera gustado que con nosotros estuviera Angie de portera. En el primero de los partidos de la tarde ella había jugado con el equipo Capital. La primera mitad de su contienda, Angie se había rifado el físico, uno que no rebasaba el 1.60 de estatura y presumió su resistencia a los trallazos. Sus compañeros anotaron al minuto 18, luego al 26 uno de sus delanteros se aventó un bonito gol de tacón. Aunque una llovizna afectó el desempeño de su equipo y Angie terminó vapuleada con seis goles. Ella vino desde la colonia Caracoles, municipio de Tlalnepantla, y perdió en la cancha. No todo fue derrota en la vida de Angie. Desde los 15 años aceptó plenamente que era lesbiana. Ocultó mucho tiempo sus preferencias a su padre, quien era demasiado machista.

—Al principio sí era un poquito feo porque te dicen: ¿cómo crees, cómo tú? —relató.

—¿Eso te lo dijeron tus hermanos o tus papás? —le pregunté.

—Hubo golpes, maltratos de mi papá que no aceptaba; pero al final me dijo: ni con golpes ni con lo que haga se te va a quitar, yo te voy a apoyar.

—¿Con los años se disculpó?

—Sí, me pidió que lo perdonara porque yo era toda su vida y a él sí le había dolido.

Aquello ocurrió seis años atrás porque quizá el padre de Angie en el fondo expresaba un temor hacia un concepto desconocido o una educación basada en los conceptos del macho mexicano. Su papá aún no ha cambiado las reuniones familiares de los domingos para ver un partido de su hija, aunque ella no ha dejado de creer que un día de estos la verá lucirse en la portería.

Alexander no se hallaba en ninguna posición. Corría de un lado a otro los aproximadamente 20 metros de la cancha. Tocaba pocos balones y los que llegaba a retener, acababan en pases erráticos. Cualquiera se sentiría frustrado al debutar así, pero a él no se le desdibujaba la sonrisa. Tal vez su alegría era el reflejo de hallar un espacio en el cual no era necesario ocultarse ni sentirse fuera del cuadro.

Aquel chico de 18 años pertenecía al Argentina Gay, uno de los equipos fuertes de la competencia en la que también resaltaron Azcapotzalco Gay, Real Divas, seguido del Zorros. Alexander, originario de Cuautepec, delegación Gustavo A. Madero, llevaba en la playera el número 15, el que portó el defensa central argentino Martín Demichelis en el Mundial Brasil 2014. Del cabello castaño oscuro de Alexander destacaba un mechón dorado que se hizo en la estética de sus tías.

—Me gusta ayudarles y aprender de ellas, mi papá cree que lo hago para tener un ingreso extra —me comentaba Alexander antes de su partido—, él es homofóbico y me da un poco de miedo cómo vaya a reaccionar si se entera.

El resto de la familia de Alexander se percató de sus preferencias y han tratado de ocultárselo a su padre para evitar que lo rechace.

—Aquí vienen vestidas o travestis a jugar futbol y juegan muy bien —fue el comentario del capitán de Alexis, Michel Arzate—. Hay muchos compañeros a los que obviamente en sus casas no los aceptan y también tenemos compañeros jugadores que su familia no sabe que son gays.

Mientras era superado por los delanteros en la cáscara que me aventé, lo único bueno que hice fue detener un balonazo con la parte interna del muslo. La pierna se me adormeció y me quedó marcada la huella del balón con puntitos violáceos que se intensificaron con el paso de las horas. Recordé los minutos que estuvo Alexander en el partido con Argentina Gay. Su pasión y ganas de jugar soccer superaban por mucho mis mediocres intentos por controlar el balón. Con un poco de entrenamiento y esfuerzo, quizás Alexander podría formar parte del seleccionado armado por la Organización Didesex que acudirá a los International Gay Games que se realizarán el 2018 en París.

Durante la reta no escuché a bugas que hacen alarde de su hombría a la hora de llegar con fuerza al balón con insultos del futbol llanero como ¡no seas puto! o ¡no le pegues como niña! En “Los olvidados” se grita: ¡No seas macho, pégale como puto!

ViceNews